Por Ridwan Reichico Al-Andalusí
Andalusí exiliado en Solimán (Túnez)
descendiente de la familia Nasrí.
Debíamos entrar por Granada (1). En primer lugar, porque es nuestro último recuerdo de Al-Andalus. Debimos entrar en ella por Adra, pero tuvimos que hacerlo por otro camino, un camino escogido para nosotros por nuestros hermanos, los hijos de nuestra tierra, las gentes de Andalucía, nuestros hermanos y amigos .
He aquí que ahora volvimos a entrar en Granada atravesando otra senda, Gibraltar (2).
Apenas encontramos expresiones para mostrar nuestro agradecimiento a nuestros hermanos, por esta gran oportunidad histórica que nos ofrecen después de cinco siglos de exilio, cinco siglos de extrañamiento, cinco siglos de deambular por diversas partes del mundo, expresión reciente de un pueblo para cuya crueldad es difícil encontrar semejanzas, después de todos estos siglos he aquí que nuestros hermanos andalusíes nos proporcionan la oportunidad de un encuentro con la tierra, con la madre, con la fuente, con Al-Andalus. Gracias a los hijos de nuestra tierra en común, a nuestros hermanos en el Islam, que Allah los premie con la mas bella de las recompensas.
Mi regreso de hoy a Al-Andalus, nuestro encuentro en ella, tiene significados de entre los cuales el más profundo de modo absoluto es que el exilio por largo que sea su duración no mata la identidad, mientras la esperanza del retorno permanece solidamente en nosotros, y si en ese retorno depositamos nuestra fe. Estamos orgullosos de nuestra pertenencia y cargamos con la responsabilidad histórica de luchar por la causa del retorno a la tierra madre, Al-Andalus; que sepa así la juentud de Andalucía, y la próxima generación entre las gentes de esta tierra bondadosa, que el ser humano sin identidad histórica, es un hombre sin dignidad, y nuestra identidad andaluza es la islámico-andalusí.
Si la historia ha de servirnos de algo es para aprender. Cada andalusí hoy deberá aprender que nadie en el mundo habrá de bendecir la meta que nos hemos marcado salvo nosotros. No me refiero tan sólo a los Estados, sino que vuelvo la mirada atrás, al pasado, y aludo a la pasividad de los otomanos, cuando abandonaron a los moriscos, siendo esa Administración islámica una potencia mundial tenida en cuenta; aunque, no podemos olvidar su auxilio a nuestros moriscos, pasándolos al Norte de Africa ( las primeras pateras ), cuando se les amenazó y muchos de ellos rechazaron convertirse al cristianismo. Aunque esa actitud la consideramos humana y solidaria, fue una actuación ya demasiado tardía y sin duda los políticos y militares otomanos pudieron haber hecho más antes de la caida de Granada en 1.492, podían y debían haber sido adalides de nuestra causa, haber ayudado a los andalusíes para que no perdiesen su tierra, en lugar de aplazar su ayuda cuando los acontecimientos ya se habían desencadenado. Debemos aprender de la historia, y debemos saber que quien no tiene algo no puede darlo, y que los derechos no los recupera sino el que los tenía. Por ello, mi presencia hoy en Al-Andalus debe ser un compromiso y una fe en nuestra responsabilidad histórica ante las gentes de Al-Andalus.
Donde quiera que esté el lugar en la que nos hemos recogido en nuestro exilio, nuestras conciencias deben comprometernos, y nuestra obligación más trascendente deberá ser el derecho que sobre nosotros tiene la tierra. Por mucho que el hijo se aleje de la madre, a ella le atan lazos indisolubles....ello nos enseña el Islam.
Y esta responsabilidad atañe en primer lugar al hijo que ha vivido toda su vida al lado de su madre, y aquí me dirijo al Pueblo de Al-Andalus en general, y a los musulmanes andaluces en particular, y aún más a la juventud andalusí en esta Andalucía errante en el sinsentido de occidente, aruinado espiritualmente, una juventud a la que espero que Allah conduzca al Islam; me refiero a esa juventud que nos rodea y que en muchos casos adivino un desinterés grave en lo referente, a Al-Andalus, que incluso es posible en muchos casos puede llegar a suponer un rechazo a la causa de Al-Andalus. Sólo con la recuperación de nuestra identidad, sólo con la recuperación de nuestra libertad, recuperaremos nuestra dignidad y repetiremos los logros de Al-Andalus, aquellos que hicieron de nuestra tierra una lámpara civilizadora a cuya luz se ha encaminado el mundo hasta hoy; deberemos devolverle las lágrimas derramadas durante más de cinco siglos a nuestra tierra, sólo entonces podremos considerarnos sus hijos.
Ridwan Reichico Al-Andalusí
(1) Ridwuan Reichico, ingeniero 44 años, descendiente directo de Boabdil.
Ha mantenido la llama encendida generación tras generación de sus antepasados y su compromiso con Andalucía. Vive en Soliman, -pueblo durante decadas de mayoría andalusí- en Túnez
(2) Su primera visita a su Patria coincidió con el 2 de Enero de 1989 y entró por Algeciras recorriendo todas las ciudades importantes andaluzas y la ciudad andalusí de Murcia. En las hemerotecas de la época queda constancia en sus multiples intervenciones ante la prensa, radio y tv.
Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, conquista, exilio, andaluz, andalusíes
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