domingo, 17 de febrero de 2008

Fuimos muchos los que descubrimos nuestra identidad andaluza en el exilio a Madrid, Barcelona, Alemania y un largo etcétera. Otros andaluces, también exiliados en el Norte de Africa, Oriente, América y otros Estados europeos, conocieron la hiel del desarraigo y la nostalgia. Todos mantuvimos nuestra Memoria indeleble de andaluces, y hoy es preciso una reflexión común.

Desde Andalucía, repartidos por medio mundo, expulsados por el hambre o el exclusivismo más intransigente, no fue, hasta mucho tiempo después, cuando hemos descubierto que los andaluces fuimos sometidos desde 1.492 a un experimento de exterminio cultural, colonización y eliminación premeditada
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El nuevo Estado que en esos años se construía ensañó con nosotros lo que también iba a aplicar, paso a paso, secuencia a secuencia, en las tierras y Pueblos de América: las culturas, tradiciones, costumbres y creencias que conformaron la identidad de esos pueblos fueron destruidas y aniquiladas, como ya hicieron con nosotros, los andaluces.

En 1.492 y con la conquista de Granada se impone un nuevo modelo de desarrollo sobre nuestra Nación andaluza, desmantelando una economía que, aún no siendo un paradigma de justicia, era suficientemente equitativa, y sobre todo, respondía a las necesidades de la población; se estigmatiza y humilla a nuestras gentes; se nos persigue, convirtiéndonos así en los nuevos malditos (hablamos de eso que tan eufemísticamente los pseudohistoriadores al uso han denominado "reploblación).
Los mismos "historiadores" que han alimentado una de las manipulaciones históricas más infames que se conocen: la invasión de los árabes y la posterior "reconquista".

Mucho tiempo ha transcurrido ya, y sin embargo, el mayor dolor no es el recuerdo de lo acaecido.- el tiempo ejerce aquí su función balsámica.-, la mayor tristeza no está en reconocer esta ignominia, la historia se sucede y sus mecanismos son a veces tan implacables como inapelables cuando ya han actuado; el estupor y la vehemencia surgen en nosotros al comprobar que el Estado español y sus representantes en Andalucía celebran grandes festejos en nuestros pueblos y ciudades en conmemoración de aquellas lejanas y tristísimas fechas.

Que enorme habilidad han demostrado los poderes públicos utilizando el engaño, acudiendo a la estafa histórica, manipulando las conciencias, ocultando la realidad, aplastando la imaginación creadora...Ellos saben que el conocimiento ayuda a comprender y así dedican enormes sumas de dinero a esconder la realidad. Tras los fuegos de artificio se disfrazan. Y sin embargo nuestra larga experiencia como Pueblo nos indica que tarde o temprano, los Pueblos aprenden y vuelven a preguntar, descubren tras el disfraz la Historia real. ¿Qué celebran?. ¿Porqué pasan por alto con el cretinismo propio de los necios, las realidades que configuraron nuestra identidad y soberanía?. ¿Acaso ignoran las certezas de injusticia y crueldad que se sucedieron y aún hoy se suceden, y que averguenzan a todo el género humano?. ¿Celebrariamos acaso los andaluces la destrucción de la Alhambra o el hundimiento de la Giralda?. Que un pueblo culto como el nuestro, participe en actos que celebran la ruina y su propia decadencia, la pérdida de su identidad, libertad y soberanía, sólo tiene un motivo: han matado nuestra memoria colectiva.

Reconociendo que los andaluces somos muy dados a celebrar con fastos y alharacas cualquier acontecimiento.- no dudéis que ello también lo hemos herededado de los que nos precedieron.-. ¿Considerarán acaso que nuestro Pueblo ha perdido irremediablemente su sentido de la dignidad, o más bien pretenderán con todo el fasto, parafernalia y pompa invertida, que ya nadie formule pregunta alguna sobre nuestra identidad y futuro?. Qué razón tenía nuestro antepasado Ibn Al-Jatib, el sabio historiador de Loja, cuando comentaba que los poderosos suelen promocionar espectáculos, cuanto mayores mejor, para hacer desaparecer la memoria, el conocimiento histórico.

Ahora Andalucía es conocida como "región subdesarrolada". Tampoco la naturaleza escapa a esta labor destructiva, siendo esquilmada dia tras dia, (más nos valdría ser ciegos para no ver como esa verde alfombra de bienvenida que era, entre otras, la Vega granadina, está desapareciendo palmo a palmo cubierta de alquitrán y cemento). Nos resistimos a creer que nuestras gentes sólo respondan ya, a esa extraña combinación de producción y consumo, que sus espíritus hayan abandonado toda referencia de vida, belleza y tolerancia; toda creación de convivencia, todo esfuerzo de verdadera justicia...

Ya sabemos que lo que sucede en la lejanía se olvida pronto, que es como si no existiera... Sin embargo, el que millones de andalusíes o andaluces sigan estando exiliados en tierras lejanas no significa que no existan, que sean extranjeros o forasteros. Que nuestra historia se pierda en el tiempo no significa que no sea también la de ellos. ¿Vamos a celebrar el 2 de enero también el regreso de estos hermanos de origen andaluz y mosrisco?, ¿vamos a conmemorar su recuperación?, ¡ No!, van a conmemorar su expulsión, nuestro exilio histórico.

Las imágenes de convivencia y pluralidad que ocupan la parte más noble de nuestra Memoria como andaluces se nublan ante las noticias que a diario recibimos: cada vez existen más obstáculos, más impedimentos para que Andalucía vuelva a ser tierra de acogida; ahora todos, salvo los poderosos, somos extranjeros. El color de la piel, las creencias y los nombres se convierten en impedimentos para vivir en nuestra tierra ( qué pronto se olvida lo que fuimos, Al-Andalus, qué anacronismos de la sinrazón celebrar la caída de un muro, elevando a un techo más alto otro).

Resulta desolador que un Pueblo que convirtió la noción de equilibrio en uno de sus ejes de convivencia pueda perder el sentido común. Hemos de reconocer la razón que asistía al poeta granadino de religión judía Ibn Ezra, cuando insistía que deberíamos tratar con calma, lo que con calma se ha de observar. Es probable que lo que denominamos "pérdida del sentido común", no sea más que la pérdida del sentido del ridículo, y no precisamente por nuestro Pueblo, sino por sus gobernantes tan dados a tapar y esconder miserias, con enormes decorados de cartón piedra.

Quizás, perteneciendo nosotros a un mundo de cultural inmemorial, estemos impedidos para intervenir en el destino de este momento, que también es nuestro. ¿Acaso los andaluces hemos abandonado todo proyecto de Soberanía, justo y abierto?. En nuestra tierra, no podemos consagrar toda la vida al recuerdo, es importante hacer memoria; recuperar la memoria dicen que significa tomar conciencia. Seamos audaces, no nos preocupe si dudamos, pues la duda es fecunda; si hemos de recuperar nuestra identidad y Soberanía, comencemos, pues, a crear ese Proyecto múltiple y abierto que se nos negó.

Lo perdimos todo, salvo la esperanza.
Lo perdimos todo, salvo el anhelo de proyectar en nuestros sueños lo que la realidad nos impidió.
Lo perdimos todo, menos el deseo de ser nosotros mismos.
Lo perdimos todo, menos el Sello de la grandeza
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Andalucía, enero 2.003
Antonio Luís Calderón Díaz
Coordinador y Portavoz Nacional de

LIBERACION ANDALUZA.

 


Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, conquista, expolio, andaluz, andalusíes

Publicado por adm.LA @ 13:05  | Conquista de Andalucía
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