Con los tratados de Berlín, las potencias imperialistas occidentales comienzan a despedazar África en su reparto administrativo completamente inhumano. Lo mismo ocurre en Oriente con los restos del que fuera el Imperio turco-otomano.
El estado Español lleva a cabo algo parecido con los territorios de los diferentes pueblos que domina tanto en la Península Ibérica como en las Islas.
El descalabro histórico y económico supone al imperio español, las pérdidas de los territorios que colonizaba en Ultramar (pérdidas en las colonias americanas), desencadena una mayor centralización administrativa de los territorios peninsulares y los archipiélagos Balear y canario.
El en “apuntamiento a la Corona de Castilla” de Alfonso de Quintanilla, Contador Mayor de los reyes católicos (1482), hay ya una constancia escrita del expansionismo militarista que el sionismo cristiano despliega sobre Al-Andalus. Aparecen 19 provincias castellanas: Ávila, Burgos, León, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid, Zamora, Toro, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Toledo, Córdoba, Granada, Jaén, Murcia, Badajoz, Sevilla, ( En la de Granada se incluye Almería y Málaga; en la de Sevilla se incluye Cádiz y Huelva, así como en la de Murcia, se incluye La sierra de Alcaraz, Hellín, Orihuela y Torrevieja). En dicho apuntamiento a la corona de Castilla, aparecen al completo las lindes históricas de Al-Andalus, cuyos territorios son conquistados e integrados al completo por el expansionismo castellano: Córdoba, Granada – Almería y Málaga - , Jaén, Murcia - Sierra de Alcaraz, Hellín, Orihuela y Torrevieja- Badajoz – que juntó a Córdoba comprendería el Valle de Alcudia-, y Sevilla – abarcando las actuales provincias de Cádiz y Huelva - . Aparecen también incluidas en este Ayuntamiento las provincias y territorios que formaron la Marca fronteriza andalusí de Al-Musat o Marca de la Meseta con capital en Toledo.
Este cupo de provincias castellanas se sumarán cinco provincias peninsulares más en el siglo XVIII: La Galicia, que se integra con el partido del Conde de Benavente, y después, Jurisdicción de Viana del Bollo, segregados de la provincia de Valladolid, y los zamoranos partidos de Santiago, Mondoñedo, Orense, Lugo, La Coruña-Betanzos, y Tuy; Palencia formada con los sectores de la provincia de Burgos y Valladolid, sitos a Oriente y Occidente del río Pisuerga; la de Extremadura, constituida, principalmente, por el partido de Trujillo, pertenencia a la provincia de Salamanca; la de Mancha o Ciudad real, formada a costa de la provincia de Toledo; y la de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, resultado de la colonización interior de Olavide sobre algunas zonas de las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla.
Cuando a finales del siglo XVIII se fija oficialmente y en detalle el mapa político administrativo del Estado español ( en España dividida en Provincias e Intendencias . Nomenclator. Imprenta Real,1.789); obra planteada por el Conde de Floridablanca, el ámbito de Castilla, La Marca de Toledo ( Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Madrid) y Al-Andalus aparecen divididos en las 23 provincias citadas, añadidas a éstas, las cinco de la llamada entonces Cantabria, las provincias de Álava, Encartaciones de Vizcaya (del siglo XVII), Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya, y las tres de la Corona de Aragón, provincias de Aragón, Cataluña y Valencia, componen las 31 provincias del estado español de fines del siglo XVIII. La división de Floridablanca, es poco más o menos, análoga a la que consta en los censos 1.594 y 1.717, el uno publicado por Tomás González y el otro en manuscrito por la Biblioteca Nacional.
El proyecto de los reyes sionistas, preveía expropiar a los campesinos andalusíes de sus tierras, sus enseres y casas a sus ciudadanos, de sus propiedades y medios; arrinconar a los aguerridos combatientes en reservas, al igual que ahora hace el estado sionista de Israel con los palestinos. El proyecto administrativo de Javier de Burgos en 1.833, es el resultado de un movimiento centralista de uniformalización y desmembración más definitivo de todos los territorios históricos. La legislación colonialista expresa con medina claridad su exclusivismo racista. Esta reforma administrativa ratifica y separa las expropiaciones de la tierra que se llevaron a cabo de forma sucesiva a lo largo de la conquista de Al-Andalus.
El problema de ayer - y que llega hasta nuestros días- , tiene su origen, principalmente, en la expropiación de extensas superficies de terreno que fueron donadas a destacados miembros del sionismo cristiano. Una condición habitual para efectuar estas expropiaciones, fue la expulsión de sus ocupantes; gentes que se habían ganado su vida a lo largo de numerosísimas generaciones con el trabajo de aquella tierra , y que fueron arrancados de ella, privados de la misma sin recibir compensación alguna como único medio de subsistencia. Los andalusíes expoliados - los jornaleros de hoy -, siguen siendo las verdaderas víctimas de aquellas acciones colonizadoras, y que son una parte muy importante del problema andalusí. Idéntica situación padece el resto de los sectores sociales.
Javier de Burgos pretende dar por finalizada la consolidación del Estado español, y en lo que respecta a Al-Andalus merma su territorio histórico privilegiando al reino de Valencia a costa de algunos territorios de la antigua provincia andalusí de Murcia, expropia la zona de Hellín y la Sierra de Alcaraz en la nueva provincia de Albacete; transfiere el Valle de Alcudia a Ciudad Real; y constituye la provincia de Extremadura, que con pequeños recortes por el norte y el sur, y en dirección a la provincia de Córdoba, la establece en las provincias de Cáceres y Badajoz, un de otra separadas grosso modo por la línea divisoria entre los ríos Tajo y Guadiana. Con zonas de la antigua Sevilla, forma las modernas de Huelva y Cádiz; con otras de la antigua provincia de Granada, se crea casi la totalidad de Málaga – además de algunas tierras de la antigua administración Sevillana - , y Almería.
La división administrativa españolista practicada por Javier de Burgos, nos parece un credo político nefasto, inadmisible para cualquier ciudadano de conciencia. Afirmamos que no hay una nación española. No se puede decir que un ciudadano vasco y un ciudadano andaluz son de la misma nación e identidad, porque no se puede destruir moral y físicamente a los pueblos.
Mesa Nacional de Liberación AndaluzaTags: Al-Andalus, Andalucía, Koras, Comarcas, soberanistas, independentistas